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Los adolescentes de Groenlandia se aferran a la vida en un ring de boxeo

19 de marzo de 2026

William está nervioso, pero sus ojos azules brillan decididos. Suena la campana y lanza un grito ahogado por el tumulto de la sala: esta noche en Nuuk este quinceañero boxea por su madre, que se quitó la vida dos años antes.

En 2023, el suicidio representó el 7,4% de la mortalidad de Groenlandia, que presenta una de las tasas más altas del mundo. Una "epidemia", dicen algunos groenlandeses, que afecta especialmente a los adolescentes y a los adultos jóvenes.

"¡Vamos, destroza a ese tipo!": entre los gritos de la multitud, el olor a sudor y la inmensa bandera de Groenlandia sobre el ring, William esquiva los puños de su adversario danés.

A continuación, un golpe directo y un chorro de sangre. William acaba desplomándose en los brazos del árbitro.

- "Limpiar la mente" -

"Perder me destrozó", dice tímidamente, hundido en el sillón de su salón. Lejos del ring, la voz de William se apaga y su mirada se vuelve esquiva.

"La mañana del combate lloré al pensar en ella. Le había prometido que ganaría", rememora.

En la pared del salón, una mujer de unos cuarenta años sonríe en una fotografía. Tras la muerte de su madre, William se refugió primero en el alcohol y las drogas.

Su hermano Kian, que hoy tiene 19 años, eligió la adrenalina del deporte y lo impulsó a ponerse los guantes para "limpiar la mente".

Para los dos hermanos el boxeo se convierte entonces en un refugio, un lugar donde conocer a personas "positivas".

También una manera de honrar a su madre, Mette, antigua campeona groenlandesa de artes marciales.

"Cuando éramos pequeños, usábamos sus medallas como trofeos y perdimos algunas", desliza William. "Es como si se las debiera".

Originaria del norte de Groenlandia, Mette fue internada en un orfanato en Nuuk por falta de padres presentes.

Un estudio de la revista The International Journal of Circumpolar Health muestra que los jóvenes groenlandeses siguen sufriendo los efectos de los traumas vividos por sus antepasados.

"Todos conocemos a uno o dos allegados o amigos que se han suicidado", suelta Kian, "incluso a muchos más".

"No hace mucho, perdí a dos amigos", retoma William, titubeante.

- "Tienen rabia dentro" -

En la sala de entrenamiento de Nuuk, una veintena de jóvenes gruñen mientras hacen las flexiones impuestas por Philippe Andersen, de 27 años, exboxeador.

"Es por disciplina", ladra. "Dos meses antes de un combate, no tienen derecho a nada: alcohol, cigarrillos... nada".

Algunos sufrieron acoso en la escuela, han perdido a seres queridos o se enfrentan a problemas sociales, "pero cuando están en el ring, ya no piensan en ello", asegura el entrenador.

"Tienen rabia dentro", como la tuvo él en su momento. "El boxeo los libera de su vida cotidiana".

Cuando cae la noche y la sala se vacía, las calles de Nuuk se llenan de adolescentes. Algunos confiesan que se quedan afuera para huir del ambiente de casa.

En el litoral, no es raro ver a un joven, solo, contemplando el mar. Detrás, largos bloques de edificios de inspiración soviética dominan el acantilado, testigos de la campaña de urbanización de Dinamarca en los años 70.

En la fachada desconchada del Bloque T, una discreta instalación luminosa rinde homenaje a las víctimas del suicidio.

- "Pasar página" -

Catapultadas de manera artificial a la era industrial, cientos de familias inuit -esquimales- abandonaron sus aldeas para hacinarse en apartamentos en Nuuk.

Un desarraigo que, según The Lancet, dejó un profundo trauma, haciendo que la tasa de suicidio se disparara en los años 80, la generación de Mette.

Pese a una gran necesidad de apoyo psicológico, el aislamiento de las colonias y la falta de profesionales que dominaran el kalaallisut, la lengua groenlandesa, limitaron considerablemente el acceso a la atención.

Este problema sigue de actualidad, ya que la mayoría de las consultas se realizan en línea. Algo que indigna a Kian.

Sin embargo, asegura que su generación se atreve más a poner palabras al malestar, también escondido bajo un pesado tabú cultural.

En los últimos años, las autoridades han reforzado los centros de escucha y han empezado a descentralizar la formación de profesionales de la salud mental, un primer paso para mejorar el acceso a la ayuda, pese a un éxodo rural vigente.

En unos meses William tendrá que irse a Dinamarca -reino del que forma parte Groenlandia- para continuar sus estudios.

Un año lejos de sus amigos y de su hermano mayor. "Es... es muy duro", suspira.

Impulsado por sus entrenadores, Kian espera reunirse con él allí para intentar una carrera internacional e integrarse en la selección danesa de boxeo.

Una manera de "pasar página".

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