EDITORIAL : Eso no se hace

Utilizar a los estudiantes para leer proclamas políticos, involucrarlos en las protestas del magisterio e incitarlos a protestar y cerrar calles o suspender el desenvolvimiento del año escolar es tan grave como una huelga ilegal.
La dirigencia de los maestros y profesores no puede pretender que sus demandas, inclusive los recursos de reconsideración o las apelaciones ante la ley, sean parte de una nueva agenda donde se participa, sin el consentimiento de los padres de familia, a niños y adolescentes.
Los líderes de la huelga son los responsables de la situación que tienen en marcha casi 700 educadores, un proceso de destitución y reemplazos en lista de espera. La educación fue secuestrada por dos meses y medio. Recuperar conocimientos y contenidos exigirá un esfuerzo mayor y sin descanso.