El eslabón olvidado del sistema penal juvenil I
En Panamá, hablar de adolescentes en conflicto con la ley sigue siendo, en gran medida, hablar de sanción. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que el verdadero problema no está únicamente en el delito cometido, sino en lo que ocurre después: la ausencia de un sistema efectivo de reinserción social.
Hoy, la realidad es preocupante. Jóvenes que obtienen medidas como la suspensión condicional de la pena una figura pensada precisamente para facilitar su reintegración terminan reincidiendo o, en el peor de los casos, siendo víctimas de la violencia de las mismas estructuras de las que intentaban salir. El sistema cumple con sancionar, pero falla en transformar.
El modelo actual presenta una debilidad estructural: confunde el cumplimiento de una pena con la rehabilitación. Permanecer meses o años en un centro, sin un proceso integral que atienda las causas de fondo educativas, familiares, psicológicas y sociales no prepara a nadie para reinsertarse en la sociedad. Por el contrario, muchas veces refuerza las condiciones que llevaron al delito en primer lugar.
Uno de los principales vacíos es la falta de continuidad. La intervención institucional suele terminar justo cuando más se necesita: al momento de la salida. El adolescente regresa a su comunidad, a menudo marcada por pobreza, exclusión y presencia de grupos delictivos, sin acompañamiento, sin oportunidades laborales reales y con un fuerte estigma social. En ese contexto, la reincidencia no es una sorpresa, sino una consecuencia previsible. Más grave aún es el riesgo que enfrentan muchos de estos jóvenes al recuperar su libertad. Salir del sistema no siempre significa recuperar la vida: para algunos, implica quedar expuestos a represalias o disputas territoriales que el Estado no está preparado para prevenir. * Abogado.