Opinión

El lápiz de Dios

01 de agosto de 2019

María Teresa Patiño Amor
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La madre Teresa de Calcuta se consideraba un simple instrumento en las manos del Señor, “un lápiz en las manos de Dios, con el que Él escribe lo que quiere”. La Nobel de la Paz, nacida el 26 de agosto de 1910, dedicó su vida a los más pobres entre los pobres, a huérfanos, enfermos y moribundos. Ella es ejemplo de lo que todo cristiano debe ser y su vida, testimonio del amor y entrega del Creador. Su herencia espiritual, presente y viva en los cinco continentes, sigue inspirando a muchos que, como ella, piensan que tan titánica obra sólo terminará cuando no haya más pobres sobre la tierra. De 1952, cuando se inauguró el primer hogar en Calcuta, a esta parte, la orden tiene presencia en más de 133 países. Las hermanas vestidas con sari blanco de bordes azules, con los tejidos zurcidos que dan cuenta de sus votos de pobreza, son símbolo de esperanza para las personas que acogen.
Panamá tuvo el privilegio de su presencia en dos ocasiones, la última de ellas en 1978, cuando ella misma, por el grado de pobreza evidente, consideró necesario abrir un hogar. El Hogar San José funciona en Villa Zaíta y es dirigido por las Misioneras de la Caridad, la orden que fundó. Seis hermanas atienden a 60 personas, entre adultos, jóvenes y niños con necesidades especiales, todas abandonadas, que reciben en este hogar las atenciones para llevar una vida con decoro, hasta esperar el llamado de Dios con dignidad.
Más que dinero y publicidad, las hermanas reciben donaciones en especie y piden a las personas regalar tiempo, como un acto de amor, para atender a la población que albergan. Aunque no hacen publicidad, ni dejan hacer fotos dentro de las instalaciones, en una visita realizada hace poco constatamos las impecables condiciones en que están, al igual que los niños enfermos. Su mayor necesidad es la de pañales desechables. Promediamos que necesitan unos 200 diarios, para los encamados y adultos mayores, además de leche y frijoles. Ojalá alguien se inspire a contribuir, porque como Jesús dijo “cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis. Como el lápiz, Teresa sigue dejando marcas; que nos inspire su historia de amor y entrega, porque como decía el verdadero desprecio es la falta de amor y caridad, el terrible pecado ignorar al que vive a nuestro lado, asediado por la explotación, la pobreza y la enfermedad.
*La autora es comunicadora social.

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