Enseñanza que quedará viva para la historia

En lo profundo de nuestras tradiciones, entre danzas, colores y devoción, emerge cada año un recordatorio vibrante del valor de la solidaridad. La Fiesta de la Princesa de Cañazas, celebrada en la provincia de Veraguas, fue mucho más que una celebración, fue un tejido vivo que unió a generaciones, comunidades y corazones en un acto que trascendió lo festivo. La preparación de esta fiesta queda como un testimonio de lo que se puede lograr cuando se trabaja como país. Invitándonos a reflexionar sobre lo esencial que es la comunidad, familias, vecinos y visitantes de diferentes rincones del país que se convierten en una gran familia, compartiendo no solo el pan, sino también los esfuerzos y las alegrías. Es emocionante ver cómo personas de distintas edades y orígenes dejaron su muestra de cariño, recordándonos que la solidaridad no necesita grandes gestos, sino pequeños actos llenos de significado.
La solidaridad no se detiene en el ámbito festivo. Este gesto reafirma que la tradición no solo mira hacia el pasado, sino que construye un presente y un futuro más humano. Cañazas y su fiesta fueron ese espejo en el que podemos vernos como país: un lugar donde la diversidad se transforma en fuerza y la historia en motivo de orgullo. Que esta festividad nos inspire a practicar la solidaridad en cada aspecto de nuestras vidas, entendiendo que juntos, se puede superar cualquier desafío. Así, la Princesa de Cañazas quedará en la historia de Panamá, no solo en los relatos, sino en cada gesto de unidad y esperanza que brota de su fiesta. Que su legado nos recuerde siempre que el verdadero poder de un pueblo está en su capacidad de estar unidos.
* Periodista.